EN ESPERA DE LA DESPEDIDA
No existe una forma más hermosa para el perdón, que el olvido del rencor.
El día que le comunicaron la noticia, Federico recordó con melancólica tristeza, un acontecimiento que en su momento fue feliz. El día de su casamiento con Florencia.
Imposible que la memoria que registra, pero selecciona, pudiera traer a su mente todos los aconteceres de la vida desde ese día. Los muchos años en que compartieron esfuerzos, penas, alegrías, hijos, y el enojo seguido por el fantasma gris del rencor, que trajo la separación. Florencia quedó en la casa con los dos hijos, y Federico alquiló un apartamento cercano a la oficina.
Ahora el destino los vuelve a unir en una circunstancia dolorosa. A Florencia le han diagnosticado un cáncer terminal y en un acto de determinación, ella decide no hacer tratamiento y despedirse de la vida en sus propios términos. Al enterarse Federico resuelve dejar todo atrás y acompañarla en este último tramo. En medio de las altas y bajas del ánimo, ambos enfrentan recuerdos, viejas heridas y preguntas sin respuesta. Sin embargo a medida que el tiempo avanza, el miedo y la tristeza dan paso a una nueva conexión, en la que encuentran consuelo en el amor, que es luz incluso en los momentos más oscuros.
Una tarde caminaban en silencio, como caminan los que respetan la otredad, aquellos que solo necesitan sentir la presencia del otro. Ella se adelantó a decir: —Por favor, disculpa todo el mal que te causé. —¿Me causaste? o fui yo el que te lo causó, respondió él, acariciándole suavemente el cabello.
Se detuvieron un momento ante un portal, y mirándose a los ojos, con una sonrisa, ambos sintieron que definitivamente se habían perdonado.